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Mostrando las entradas de julio, 2018

Sharlotka

Hace unas semanas, el papá de V. estuvo de viaje por cuestiones laborales. Una de las premisas que tengo para que la dieta sea realmente efectiva y poder ver resultados en V. es hacer todo casero. Como conté en otro artículo, únicamente compramos materias primas aptas y con eso elaboramos todas las comidas. Habíamos preparado suficientes provisiones para que yo pueda sobrevivir realizando la dieta esos días en que él iba a estar ausente. Suena exagerado pero (las mamás coincidirán conmigo en esto) con el gurrumín se dificulta ponerse a cocinar largo y tendido. Ni hablar de hacer mandados con el clima horrible que tuvimos en Rosario las semanas anteriores. Mi idea era permanecer en la cueva con el cachorro durante la mayor parte de esos días. Entre las cosas que había comprado en la verdulería, se hallaban dos kilos de manzanas. Debo decir que la manzana no es mi fruta favorita, pero sí me encanta en preparaciones dulces. Las tortas de manzanas son mis favoritas, si hablamos de pa...

Hamburguesas de arroz

El arroz en casa no nos puede faltar. Lo amamos. En risotto, en croquetas o hervido simplemente, es el comodín que nos salva cuando tenemos poco tiempo para cocinar. Lo bueno de hacer hamburguesas de arroz es que podemos sumarle los sabores que queramos. O que tengamos a mano. Incluso, a veces, sirven para reciclar el arroz que sobró de otra comida en un plato rápido pero sabroso.  Las hamburguesas de la foto las hice un día nublado, en el que el gurrumín tenía un malhumor que ni les cuento. Todavía no estaba del todo estabilizado con mi dieta y quería upa, upa y...más upa. Así que entre un episodio de llanto y el siguiente, mientras jugaba un ratito en el gimnasio, me preparé ese almuerzo con lo que tenía más a mano.  La receta-base (para cinco hamburguesas grandes) es la siguiente: 1 taza grande de arroz cocido 1 cda. de harina integral 2 cdas. de avena 2 huevos Condimentos a elección (en esta ocasión usé pimienta, pimentón dulce, perejil y curry) En ...

Tips de supervivencia

Como ya conté en un posteo anterior, apenas nos dijo la doctora de V. que yo debía hacer dieta de exclusión, nos preocupamos bastante porque no sabíamos cómo empezar. A medida que pasaron los días fuimos aprendiendo algunas cosas (y reaprendiendo otras) para poder comer rico, variado y apto sin trastabillar en el intento. No es que sea algo tan difícil, pero tampoco es tan sencillo. Cambiar el chip de los hábitos alimenticios es perturbador para todos. Se plantean escollos (no conseguir productos aptos, por ejemplo), surgen dudas, salen mal los experimentos culinarios que se intentan. Para nosotros toda la situación traía aparejada la responsabilidad de cumplir a rajatabla con la dieta para que el gurrumín mejorara y saliera del cuadro alérgico que estaba padeciendo hacía semanas. En este posteo queremos compartir algunos "tips salvadores" que aprendimos en estas casi ocho semanas de dieta que llevamos. El freezer como aliado Todo lo que se pueda hacer en cantidad y...

"Tortita apta" base y algunas variantes

Esta es la primera receta "elaborada" (entre comillas porque no lo es tanto) que preparé cuando empecé la dieta.  Las proporciones que te paso son para una torta mediana (ni muy bajita ni muy alta). Podés hacer una masa y media o dos, según la altura que quieras conseguir. Es facilísima; incluso si lo tuyo no es la cocina te va a salir bien. Medimos en tazas; lo recomendable es usar una mediana pero podés usar la que tengas (no un pocillito porque te va a quedar muy poca masa). Lo importante es que respetes la proporción. Aquí va: 2 tazas de harina leudante (o harina común + polvo de hornear) 1 taza de azúcar 1/2 taza de aceite 1/2 taza de agua o soda 1 huevo En un bowl ponés la harina y el azúcar. Hacés un huequito en el medio y volcás el aceite y el agua. Luego el huevo. Mezclás primero los líquidos en el centro (un poco, no hace falta batir) y después unís todo. Queda una pasta no muy fluida (si queda muy seca o muy dura le agregas un chorrito más de agu...

Allanando caminos

Una vez que tuvimos el diagnóstico presuntivo y dado que por aquí tenemos LME (lactancia materna exclusiva), tuve que comenzar la dieta de exclusión para poder confirmar que V. es APLV (alérgico a la proteína de la leche de vaca). Cuando la doctora mencionó lo que no podía comer, debo decir que en primer lugar nos agarró "pánico alimentario", por llamarlo de alguna manera. No sabíamos para dónde correr, por dónde empezar. Salimos del consultorio con la lista de alimentos prohibidos y una receta base para hacer "una tortita apta para que desayunes". La comida es un factor que influye significativamente en mi estado de ánimo (e imagino que en el de todos un poco). Ya me veía desayunando durante meses, día tras día, esa "tortita apta" y me moría de desesperación. Imaginaba enemigos en cada plato y en cada alimento que había consumido hasta ese momento. Tantas semanas de angustia sin saber que le pasaba al gurrumín y resultaba que lo que le hacía daño era...

El comienzo

Unas semanas después de su nacimiento, V. empezó a cambiar su comportamiento de manera caótica. Días y noches enteros sin dormir. Teta, teta y más teta. Llanto antes, durante y después de las tomas. Luego, uno o dos días de calma. Y volver a empezar. Al principio con el papá dudábamos de si era "normal" o no que tenga estos episodios, si éramos nosotros los que exagerábamos la situación. El pediatra que lo atendía no nos hacía caso ante nuestros planteos de que había algo que le dolía o lo molestaba al punto de estar 36 horas sin dormir, llorando y mamando.  Luego de meses de inestabilidad y agotamiento por parte de los tres (mamá, papá y bebé), la cosa se empieza a encaminar muy de a poco. En primer lugar, cambio de pediatra. En segundo lugar, el nuevo pediatra propone dos posibles diagnósticos: reflujo gastroesofágico o alergia a las proteínas de la leche de vaca.  A partir de allí empezó la nueva aventura: V. comenzó a tomar medicación para el reflujo, sus síntom...